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Solemnidad de Nuestra Señora de los Remedios.
1 de Septiembre de 2005

En nuestra arquidiócesis de Tlalnepantla, acabamos de celebrar la fiesta más importante para nuestra diócesis que es la solemnidad de Nuestra Señora de los que en Remedios. Esta es una fiesta muy importante para nosotros, ya que el clero, un seminario y en general toda la diócesis está encomendada a ella. Ya que ella nos trajo a Jesucristo, el remedio para nuestros males.

A pesar de que el clima no era muy agradable, el ambiente de fiesta, oración y amor hacia la Virgen era muy agradable y permitía ver en su máximo esplendor una expresión de fe que el pueblo tiene para aquellos que siente como intercesores. Y que mayor intercesora que la Madre de Dios.

Ya desde muy temprano con una salva de cuetes, se dio inicio a la magna celebración, posteriormente algunas de las parroquias vecinas llegaron en peregrinación a pedir la intercesión de la Virgen para sus hogares, sus familias, sus colonias. En punto de las nueve de la mañana se dio inicio al rezo solemne de las laudes en honor a Nuestra Señora. Acabadas las laudes, comenzó a llegar más gente a la casa de la Virgen, en espera a que diera inicio la solemne celebración eucarística que sería presidida por el Sr. Obispo Auxiliar.

En punto de las 10:30 el señor obispo acompañado de los sacerdotes concelebrantes, daba inicio a la misa en la Basílica, saludando a todos los ahí reunidos y exhortándolos a iniciar la solemne procesión hacia la capilla abierta de san Miguel Arcángel, en donde la gente esperaba a que llegara la imagen de Nuestra Señora, acompañada por los seminaristas, los diáconos, los sacerdotes y el obispo.

Entre porras y vivas, comenzó la procesión con la imagen de la Virgen. Cuando la imagen pasaba frente a los peregrinos, algunos no podían contener el llanto y dejaba rodar por sus mejillas lagrimas de agradecimiento y amor a la Virgen, otros en señal de respeto y veneración agachaban su cabeza o se arrodillaban.

La gente que acompañaba la procesión iba cantando y lanzando porras en honor a la Virgen, otros lanzaban pétalos de flores y otros hacían una valla para que la gente pudiera dejar caminar más fácilmente a los seminaristas que cargaban la imagen.

Al llegar a la capilla abierta, las porras, los gritos de “¡Viva la virgen!” se dejaban oír, al mismo tiempo que se entonaba el canto de entrada. La gente que estaba ahí esperando, comenzó ha aventar pedazos de papel y pétalos de flores al paso de la Virgen, en una muestra grande de amor hacia nuestra Madre.

Después de dejar, en el sitio preparado, la imagen de la Virgen el obispo incensó el altar y la imagen y así comenzaba la misa solemne. Una vez que se terminó de incensar, se entono el himno de gloria y se dijo la oración colecta, en la cual le pedíamos a Dios, que por la intercesión de la Virgen, pudiéramos un día en el cielo con Jesús.

En las lecturas que escuchamos, del profeta Miqueas y del Apóstol san Pablo a los Gálatas, se nos recordaba cuál ha sido el papel de la Virgen en la historia de salvación, como lo diría posteriormente el señor obispo en su homilía. Por su parte el Evangelio, nos recordaba la virtud más grande que ha tenido la virgen y esa es la de hacerse la esclava del Señor, es decir, la de asumir la voluntad de Dios con absoluta y entera convicción.

Por su parte en la homilía, el obispo nos invitaba a contemplar en la Virgen, un modelo de virtudes, especialmente la intercesión para con sus hijos y también entender que María sigue hoy en día siendo el modelo de cristiana y el modelo de la Iglesia. Por lo tanto la Virgen es Madre de Jesús, de los cristianos y de la Iglesia. (Para su comodidad, publicamos la homilía del señor obispo)

Después de la homilía profesamos juntos la confesión de fe, es decir, el credo afirmando las verdades de fe que los católicos creemos. Después del credo oramos a Dios pidiendo por nuestra arquidiócesis, por nuestro señor Arzobispo y su obispo auxiliar, por todos los sacerdotes y diáconos de nuestra arquidiócesis, por los seminaristas, por el pueblo de Dios, por los enfermos, en una palabra pedimos por todos los que conformamos esta nuestra muy querida arquidiócesis la cual está bajo el patrocinio de la Virgen María de los Remedios.

La misa continuó como de costumbre, con el ofertorio, la consagración, la comunión. Al despedirnos y llevar de regreso a la imagen de la Virgen, continuó nuevamente la algarabía, pues ahora acompañados de Jesús Eucaristía, íbamos a dejar a la imagen de su Madre en su casa, en donde infinidad de peregrinos la esperaban.

Cada uno de ellos quería tocarla, quería agradecerle por todo lo que había hecho por ellos. Cada uno de ellas quería recurrir a su madre celestial para implorarle un favor o darle gracias por el favor recibido. En fin mucha gente que quiere sentir la presencia amorosa de la Virgen en cada uno de sus hogares, en su vida, en su vida.

Después de colocar la imagen nuevamente en su nicho, los muchos peregrinos pasaban uno por uno, haciendo una enorme cola, para poder pasar a saludar a la Virgen y elevar sus oraciones con la confianza de que serán escuchadas. Después llenos de esperanza, pasaban a algunos de los puestos a degustar algo rico de comer.

N.B. Las modificaciones tipográficas como son negritas, cursivas y guiónes son modificación del editor del sitio.


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