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Hola, mi nombre es“Jerónimo”, tengo 31 años, soy egresado de la carrera de sociología, y he
trabajado desde los 19 años en el oficio de impresor, como auxiliar administrativo, en evaluación de
programas de gobierno en una de las secretarías, pero sobre todo he tenido la dicha en Dios de trabajar
en la educación con niños, jóvenes y adultos.
Hoy estudio la filosofía en el Seminario Mayor de Tlalnepantla, me encuentro en un
proceso de discernimiento que me da luces, aún cuando mi decisión y anhelo de ser sacerdote es claro,
y me atrevo a decir legitimo, la orientación y la iluminación del Espíritu Santo, a través del director
espiritual y la oración personal comprometida, seria y no sencilla, es indispensable, a la verdadera
vida interior de oración.
¿Qué hace un sociólogo en el seminario, cuando la sociología puede pasar por ciencia atea?, ¿Qué hago yo “Jerónimo” en un seminario, aspirando a algo para lo que a veces creo no ser digno?, ¿Qué me trajo hasta aquí?. En sí, estas preguntas no tienen ninguna diferencia en torno a quién sé las hace; un proceso de discernimiento interior no esta determinado por lo exterior estudios, condición social, edad. Responder esto es abrir parte de mi interior, lo que nunca es fácil, pero lo comparto en mi fe católica, que seguro también comparto contigo.
Diez años trabajando remuneradamente, en mi calidad de laico, de colaborar y observar con ojo crítico el trabajo que la Iglesia hace, espiritual, material es decir humano, su complementariedad, la necesidad de esa complementariedad, la realidad de esa complementariedad me despejó y aclaró el camino de la vocación. Mi experiencia de vida en la acción pragmática y concreta del trabajo, la posibilidad de incidir en la vida de otros, en su crecimiento, su bienestar, el sentido de la propia vida puesta el servicio la de los demás, ha sido algo que tengo claro, no podría decir desde cuando, pero es la razón por la que apuesto vale la pena vivir. Para expresar completa y verdaderamente la decisión de respuesta a la vocación sacerdotal tendría que hablar de mi vida y experiencia de fe.
Confieso haber sido siempre quien cuestionó la religión y la Iglesia, confieso lo hacía en la búsqueda de verdad y firmeza, algo más que común en el ámbito universitario y profesional, requerimos argumentos coherentes, sólidos y verosímiles. Verdaderas y aguerridas discusiones tuve con mi párroco alguien mayor (como la mayoría de párrocos que veía), con religiosas, con otros laicos, amigos y compañeros de trabajo, y un día entendí, se completo lo que faltaba, Él, Dios me dejo ver lo que siempre había tenido enfrente, mi prójimo. Pero ya, yo trabajaba por el prójimo como profesor, con la mayor ética y amor con que podía. La idea de ser sacerdote se me había a travesado desde niño, más había aprendido que quienes son sacerdotes son seres como fuera de este mundo, de donde no sé, herméticos, inconocibles, de una vida monótona, poco apasionante y no atractiva. Pero la idea el posible llamado estaba ahí.
Sin propósito esa idea fue cercando el pensamiento, los momentos de oración, la familiaridad del trato con mi párroco me descarto la idea del sacerdote que había construido. Encontré también que la labor de la iglesia es tan inmensa y variada, como necesaria, las platicas con una religiosa encargada de las vocaciones en su congregación también fueron significativas, Pero porque alguien que en una medida buena, que estaba teniendo éxito, que puede comprarse un carro del año y tiene la posibilidad de adquirir un departamento, ropa etc., dejaría de hacerlo. La respuesta que Cristo me dio fue que trabajar por el prójimo es más y mejor, gracias a Dios no tuve grandes necesidades, ni mayores comodidades que las que me permitieron ver que las cosas materiales no alimentan el espíritu, como sí lo hace la relación con, para y por el prójimo, pero no es fácil la decisión. Eventos de vida de oración que no escribo aquí me eran claros y contundentes, pero alguien en las circunstancias que he descrito arriba dejaría eso por emprender un camino de fe.
Entonces fue que conocí porque llegó a la parroquia un sacerdote de mi edad, se dio con él, la familiaridad que con mi antiguo párroco, fue entonces, que vi que adultos jóvenes dedicaban firmemente su vida a Cristo y al prójimo. Me considero alguien que es movido por sus ideales, que procura coherencia y mi ideal ahora era claro trabajar en el otro, para y por el prójimo con el fin claro que adonde había que invitarle, orientarle incluso conducirlo era a CRISTO, nada que hiciera por el prójimo seria tan importante, llevarle a Cristo en la palabra y en la vida. Sí, dije si y aquí estoy, la esperanza, la fe, la renuncia a uno mismo, la caridad del amor, el trabajo y entrega, es algo que no se hace de una vez, hay que hacerlo cada día y con mayor intensidad cada vez, con la certeza de la compañía de Dios. Te invito a que no dejes pasar la menor inquietud y te acerques a tu seminario.
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