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Configurándome a Cristo

En primer lugar quiero presentarme, mi nombre es Isaac Torres Vázquez, soy el primero de cuatro hijos del señor José de Jesús Torres Gómez y de la señora Yolanda Vázquez Espinosa, nací un 14 de Abril de 1973, en el D.F. los primeros años de mi vida los viví en una vecindad de la colonia Ahuizotla de Azcapotzalco, sobre la calle Nextengo, después nos fuimos a vivir a La Presa “El Tejocote”, en Naucalpan Edo. De Méx.

En donde he vivido la mayor parte de mi vida, la preescolar o kinder lo hice todavía en la colonia San Pedro en la Ahuizotla, la primaria los tres primeros años la estudie en la escuela primaria Ricardo Flores Magon, (Colinas de San Mateo); los siguientes fue en la Escuela primaria Independencia, (Santiago Oxipaco) la secundaria fue en la misma colonia donde vivo, es la Escuela Secundaria Técnica #95 (Jesús Reyes Heroles), estuve un semestre en el CCH Naucalpan, bueno poco menos, pues no me agrado, pues en ese tiempo a mi me parecía que no iba llegar a ningún lado y a medio semestre me di de baja, el siguiente curso entre a estudiar en donde yo quería desde un principio, en el Centro de Estudios Científicos y Tecnológicos CECYT #11, Wilfrido Massieu, mejor conocido como Vocacional #11, ubicado en el casco de Sto. Tomás, Sobre la Av. De los Maestros #217.

Durante este periodo de mi vida sentía la inquietud por conocer el seminario, pero no era claro aún para mi lo que quería, sin embargo el Padre Gerardo Ramírez que por ese entonces era párroco de mi colonia me animaba a conocer el seminario, y fue gracias a su apoyo, ejemplo y ayuda que me decidí por la aventura, de seguir más de cerca de Jesús.

La llamada de Dios es algo de lo que me puedo sentir orgulloso, pues Dios me llamó, como dice aquel profeta, yo no era profeta, ni hijo de profeta... Am 7, 14-SS. En mi familia se dan cosas tan extrañas, que sólo descubro que la llamada que Dios me ha hecho ha sido por pura gratuidad de su amor; en primer lugar en la familia no ha habido sacerdotes, y aunque mis abuelitos paternos dicen que en la familia de ellos hay sacerdotes francamente no los conozco, además de que no han sido para mi un ejemplo a seguir, ni me sentí movido por ese hecho, pues de ellos supe hasta hace poco, cuando ya tenía cuatro años en el seminario.

Mis familiares son fieles católicos, de tradición, que acostumbran ir a misa, bueno de vez en cuando. Por otro lado, mis abuelitos maternos, ella, mi abuelita, la señora Aurora Espinosa; es cristiana evangelista presbiteriana, y con ella la mayoría de sus hijos, mi abuelo que en paz descanse, + Otilio Vázquez se decía católico, pero no fue practicante, y dejo a mi abuela la educación de los hijos, sin embargo, gracias a un hermano suyo mi mamá fue bautizada, confirmada e hizo su primara comunión, en la Iglesia católica; he dicho lo anterior por que con todo eso es fácil suponer que en mi familia no hubo para mi un ejemplo sacerdotal a seguir, más bien por el contrario, hay muchas razones para pensar que en medio de una realidad como esa sea difícil oír la voz de Dios, sin embargo los caminos de Dios no son nuestros caminos, y aunque no sea lógico que alguien como yo, se sienta llamado he descubierto que Dios me llama, que quiere que lo siga más de cerca, para estar junto a él.

Tal vez la pregunta es como descubrí el llamado de Dios, la verdad es que no me es sencillo pues yo mismo me siento asombrado de que Dios me llamará, creo sin embargo lo que me hizo descubrir que me llamaba Dios fue darme cuenta de la necesidad de sacerdotes, pues en lo que ahora es mi parroquia, cuando era chico iba ocasionalmente un sacerdote a celebrar la misa, y no pocas veces la gente de la colonia se quedaba esperando pues el padrecito no llegaba y nos quedábamos con ganas de oír misa.

Tiempo después llegó un sacerdote que además de decir misa se preocupaba porque nos preparáramos, y pidió ayuda al seminario, así que hubo algunos seminaristas, uno de ellos estuvo en mi comunidad, así que eso me brindo la oportunidad de convivir con ellos, estando con ellos me di cuenta de que eran jóvenes muy parecidos a mi, inquietos, juguetones, entusiastas, alegres, etc.

Así que de esa manera descubrí que no necesitaba ser alguien especial para seguir a Dios, ni tener una familia súper católica, lo importante era ser llamado por Dios y querer responderle, así que con la necesidad de sacerdotes Dios me hizo comprender que yo podía ser uno de ellos, quizá se podría pensar como estar seguro de que Dios quiere, la verdad es que como alguna vez alguien me dijo, “Dios siempre quiere”, y la cuestión esta en que uno le responda, y ¿Qué es lo que Dios quiere?, que seamos felices, nunca nos va llamar para algo que nos cause infelicidad, ni mucho menos, a algo que rebase nuestras humanas fuerzas.

Por esa razón es bueno hacer un buen discernimiento, para que, leyendo los signos que están presentes en nuestra vida, descubramos la voluntad de Dios; eso no es sólo para ver si se quiere ser sacerdote, es para que descubramos nuestra vocación, llámese sacerdocio, vida religiosa, matrimonio etc. y en relación a ello hagamos nuestra opción fundamental.

Todo lo anterior lo he dicho por que creo que aunque el llamado de Dios ha hecho de mi vida algo extraordinario, no fui yo alguien especial que mereciera ser llamado, sino que por el contrario, soy un joven que ha descubierto que Dios lo ama aún en medio de toda su realidad que de extraordinario no tenía nada, pero si mucho del amor de Dios, lo más grande es que así en la vida de cada uno de nosotros, no lo creen ustedes así. Finalmente, Dios no llama a alguien por que sea muy importante, a de una gran familia, o demasiado sabio, más bien Dios llama a lo necio del mundo, a lo que a los ojos del mundo nada valen, y eso porque la sabiduría de Dios no es la nuestra.

Gracias Dios por llamarme, y por darme fuerzas para responderte, así diré como el Apóstol: “Para mi la vida es Cristo y la muerte una ganancia”... Flp 1,21.


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