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Alabando a Dios por la vocación

Cada vida en el seminario es una historia, un guión, una biografía única, con sus alegrías, luchas, dolor, logros y por que no hasta complejos, pero lo importante no es perder el sentido de lo que hay detrás de todo lo que nos sucede, pues sin dudas todo lo permite Dios para que a través de nuestras experiencias descubramos nuestra vocación que tenemos en la vida.

En lo personal Dios me ha dado mucho, a permitido que llegue a cuarto año de Teología (ultimo año de la formación en el seminario), aunque no niego que esto ha sido un largo proceso de 9 años y que nunca se acabara, el camino de Dios es infinito, siempre me he cuestionado preguntándome por que yo y no otros con mayores cualidades, pero también he aprendido a descubir las cualidades que Dios me dio desde que vine a este mundo, me las dio para ponerlas al servicio de los demás, al recordar como fue mi llamado al sacerdocio.

Mi infancia trascurrió con tranquilidad, soy el primero de tres hijos, como cualquier primogénito goza de las primicias del matrimonio, mi madre fue una mujer, no muy religiosa pero si me inculcaba los valores que eran de cualquier cristiano bautizado, me llevaba a misa los domingos y me encantaba ir con ella por que después de salir de la misa me compraba un helado o hot cakes, y regresábamos a casa.

Con respecto a mi padre siempre estuve lejos de él, por que tenia que trabajar fuera de la Ciudad y solo venia a vernos cada 15 días; cuando yo tenia 8 años tuvimos la necesidad de cambiarnos de domicilio, de Cd. Netzhualcoyotl nos fuimos a vivir al municipio de Chimalhuacan, Estado de México. Para eso no encontró lugar mi madre, para inscribirme en la escuela federal y tuvo que escribirme en un colegio de religiosas, donde curse el tercer año y cuarto de primaria, años que bastaron para que las religiosas se encargaran de enseñarme la doctrina católica y obtener el habito de ir a misa solo, sin necesidad que me llevara mamá, y al terminar el cuarto de primaria tuve que regresar al escuela federal, por que para entonces mis hermanas ya habían entrado a la escuela y los gastos habían aumentado, por lo cual tuve que terminar mi primaria en la escuela Aquiles Serdan. Ingreso a la secundaria, y como cualquier adolescente, empiezo a tener novia y eso me hace olvidar la costumbre de ir a la misa, al terminar la secundaria le dijo a mi madre que quería entrar al seminario, aunque no sabia el por qué lo quería hacer pero me llamaba la atención ver a los seminaristas que iban a la parroquia, aunque nunca tuve contacto con ellos, mi madre se opone y la obedezco, entonces entro a estudiar el bachillerato en el colegio de bachilleres numero 12 de Cd. Neza, pero era un ambiente muy pesado y decido abandonar la escuela y entro a trabajar en ferrocarriles durante 5 años.

En ese mismo tiempo, empiezo a asistir a cursos de evangelización en la parroquia de mi comunidad, en donde empiezo adéntrame cada vez mas en cosas de religión, al grado que empecé a tomar los cursos de evangelización con los Servidores de la Palabra , y ahí es donde vuelve a nacer la inquietud de entrar al seminario con unas palabras de una de las compañeras con quienes íbamos a los cursos. Ella me dijo: “Y por que no entras a estudiar al seminario”, y recuerdo que le dije: "estas loca, como crees eso, yo no nací para eso, lo que yo quería era casarme, aunque apenas tenia unos días de haber terminado con mi novia, pero pensaba que íbamos a regresar, ya que había esperanzas para casarnos.

Para este entonces mi madre tenia dos años de haber fallecido, entonces las palabras de la persona que me dijo que por qué no entraba al seminario en la noche empezáron a darme vueltas en mi cabeza y decidí hablar con el diácono de mi parroquia y el empezó a orientarme con respecto a los seminarios, me lleva a visitar varios seminarios, entre ellos el de Cristo Rey, en donde decido hacer mi preseminario, pero no hay que olvidar que estoy aun trabajando, al salir del preseminario, aun me faltaba uno más, me comienzo adelantar y renuncio a mi trabajo, y reúno a mis tíos, hermanos de mi Papa para decirles mi decisión de entrar al seminario, y que me ayudaran a decírselo a mi papá, que tiene un carácter muy fuerte, y sabia bien que no lo iba a aceptar, pues él me ayudo para poder entrar en la empresa de Ferrocarriles, de la cual me estaba hiendo muy bien, pero eso no me importó, lo que yo quería era ya ingresar en el seminario, y tal como lo había pensado, mi padre no lo aceptó, y sus palabras fueron estas: "Por que a mi, que tengo un solo hombre. Que Dios le pida sus hijos a los que tienen muchos, tu eres el único, pero si quieres irte y abandonarnos hazlo no te voy a detener, pero eso si te digo, tu pasas la puerta de la casa, para irte olvídate de nosotros para mi es como si hubieras muerto.

Todo esto me hace no poder dormir y pensar toda la noche que tenia que tomar una decisión, pues era mi vida o la de mi papá, y tome la decisión más difícil pero la que yo quería. Me fui al seminario, aún en contra de la voluntad de mi padre. Recuerdo que me fue a dejar al seminario el diácono de mi parroquia, por que para eso también mi párroco se opuso, el quería que me fuera de religioso y yo decidí irme al Seminario de Cristo Rey que es ínter-diocesano.

Aquí empezó mi historia en el seminario. Durante los primeros años del seminario a mi padre le fui indiferente, no lo aceptaba, pero gracias a la oración Dios le hizo entender las cosas, hoy en día ya lo a aceptado.

Cuando estudié mi curso introductorio, fué un año en que me fué difícil poder adaptarme al nuevo estilo de vida y sobre todo el superar el sentimiento de la soledad, pero solo fueron los primeros días, después me fui adaptando y haciendo amigos, y como en ese seminario solo sale uno a ver a su familia cada vacaciones, no me preocupó mucho el malestar de mi papá, aunque no me dejaba de doler, pero ya estaba decidido a seguir adelante, y decía que nada ni nadie iba a impedir mi decisión de servir a Dios, aunque no lo niego tuve muchas crisis, pero termine el primer año, continué con la preparatoria, al terminar paso a mis estudios filosóficos, aquí es donde deseo compartirles mi experiencia que ya había tenido en la pastoral y en las misiones, que fueron al estado de Oaxaca, Guerrero, en el Estado de México en Tlalnepantla, mi pastoral la tuve en Sto. Tomas Apipilhuasco, Texcoco, Iztapalapa, y Chimalhuacan; años muy enriquecedores donde cada vez más me enamoré de la Iglesia y de su pueblo, también me daba cuenta de la gran necesidad de sacerdotes, para poder atender a la grey del Señor.

Pero también al terminar la filosofía, terminaba la primera etapa de mi formación sacerdotal, y teníamos que entregar una disertación filosófica la cual la tuve que hacer entre lágrimas; pero al fin la terminé, pero el día de la presentación, recuerdo muy bien que fue muy doloroso para mi, teníamos que invitar a nuestros familiares y todos mis compañeros llegaron sus papás y a mi nadie me fue a ver, eso me puso triste un momento pero también eso me llenó de orgullo y dije si a Jesús lo dejaron solo, que no me lo hagan a mi y seguí adelante.

Empecé a estudiar mi teología en el Seminario Mayor de Tlalnepantla, Diócesis con la cual me comprometí, para servir al pueblo de Dios, y han trascurrido 4 años de los cuales he tenido momentos felices y de encuentros con Dios, que me ha servido para confirmar mi vocación y hoy estoy ilusionado por que ya pronto me ordenare Diácono.

Estoy consciente que es difícil ser sacerdote en la actualidad, como en todos los tiempos, y más sino estamos agarrados de Jesús y María, por que el presbítero está llamado a ser luz, sal, guía, maestro, testigo, servidor, humilde, trabajador, sencillo, valiente, profeta, obediente, casto, prudente, pobre, cauto, inteligente y no intelectual, etc; en concreto un sacerdote ejemplo de Jesucristo que nos pide que lo demos todo, y nos entreguemos de lleno a la salvación y santificación de los demás para poder nosotros también alcanzar nuestra salvación.

Por ello, me encomiendo a sus oraciones, para que irradie en mi vocabulario, mi mente y mis pensamientos, todas las ideas, opiniones y conceptos que siembren la presencia de Jesús, que no sea sólo un sacerdote, que ya es una dignidad inmerecida, sino que llegue a ser un autentico sacerdote santo.

Por último: solo quiero decirte estimado lector que una de las bases estructurales de cualquier proceso de crecimiento personal es la gratitud. Aprender a dar gracias permanentemente por todas las cosas maravillosas que constantemente estamos recibiendo y disfrutando, para el enriquecimiento de nuestra vida. Quien agradece, merece lo que recibe y también merece recibir más. Mírate al espejo, mírate en tus seres queridos, mira tu entorno familiar, mira con ojos de gratitud todas las cosas buenas que la vida te ha dado. Sólo piensa y mira lo positivo de cada cosa o persona, verás que realmente hay tanto que agradece a nuestro buen Dios, por ello si sientes que Te llama Jesús:

Anímate amigo no tengas miedo a decirle si a Dios, ya lo dijo Jesús : “Todo aquel que dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o campos por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará la vida eterna”.

José García Toral.


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