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El Sacerdocio, una muestra de la misericordia de Dios



Nací en el año 1977, el 22 de noviembre, siendo el primogénito de mi padre: David Granillo Cruz, y mi madre: María Portillo Flores, matrimonio que seis años más tarde fracasara en el tiempo, del cual tendrían dos hijos más: mi hermana, Mireya Granillo y mi hermano el más pequeño Miguel Ángel Granillo.

Una vez que mi papá se marchara de casa, mi madre busco refugio con mi abuela: Ángela Flores, donde nosotros prácticamente crecimos bajo su tutela y educación, nos ayudó bastante en el sentido económico, aunque nunca logre ver una identidad familiar, hasta que mis hermanos siendo ya mayores pidieron a mi madre independizarse e irse a vivir a la casa que desde recién casada mi madre había heredado, ahora ya son seis años que mi familia vive independiente y poco apoco va tomando identidad.

Desafortunadamente se ha complicado este proceso de identidad, por que mi hermano se juntó muy chico, todavía estudiaba la preparatoria y su mujer era aún una niña de 17 años. Ha sido muy difícil su matrimonio y a mí en lo particular me ha sido muy difícil ayudarlos, por que interviene el sentimiento familiar y es difícil que me escuche ella por que piensa que lo que les digo es pensando solamente en mi hermano.

Mi hermana gracias a Dios ha apoyado demasiado a mi mamá, actualmente está estudiando informática y trabaja en un departamento de Telcel.

En ocasiones me he impacientado, por que yo ya no he sido parte integral de este proceso de la identidad que he comentado. La situación es que un año antes de que se independizaran ingresé al seminario, y ya desde hacía tres años, que solo llegaba a casa a dormir, por que estudiaba y trabajaba, el trabajo lo busque con el afán de ayudar a mi mamá en los gastos pero ganaba tan poco que ella terminaba ayudándome, pretendía trabajar en un despacho arquitectónico, ya que estudiaba construcción a nivel técnico en el CBTIS N° 1 Miguel Cervantes de Saavedra, pero la construcción estaba en quiebra, y en sí todo el país pues era el periodo en que salía el país de una crisis.

Finalmente conocí a Rosa, una gran amiga, por quien conocí a Fidel, su novio y actualmente su esposo, un matrimonio ejemplar que además de estar casados entre sí reconocen estar casados con Dios, en Dios y para Dios. Le pedí a Fidel que me echara una mano por que él estaba a punto de graduarse en ingeniería, pero me dijo que no había nada y que por lo pronto me podía ofrecer un trabajo con un sacerdote, “el padre Leonardo Vázquez”.

Para esto, yo ya tenía un año formando parte de un coro en mi parroquia (Sagrado Corazón de Jesús); donde empecé a tener dudas sobre la religión y de lo que cantábamos y por que lo hacíamos pero a veces ni el coordinador me sabía responder, entonces pensé que en tres meses podría sacar esas dudas con el padre, sin embrago pasaron tres años y mis dudas crecían pero ya para tomar la decisión de ingresar o no al seminario.

Este tiempo se pasó rapidísimo, donde empecé poco a poco a considerar la posibilidad que me ofreció el Padre, en un principio me reí de su propuesta, porque jamás pensé que a mi se me ofreciera esta posibilidad, me sentía muy ajeno a ella, me pregunté ¿Yo? ¿Que me habrá visto? La segunda vez que me pregunto le dije firmemente: “No, gracias, a mí me gustan demasiado las mujeres” y el me contesto: “¡Que bueno, porque en el seminario habiendo tanto hombre “imagínate”!” y empecé a reír.

En este tiempo todavía tenía novia y poco a poco le fui insinuando mi inquietud, y cuando empecé a notar que el Padre empezaba tomar las cosas más en serio entre nosotros con respecto a entrar al seminario, opté por decirle a mi novia que ya era una decisión aunque, en mi interior, todavía lo dudaba.

Finalmente entre penumbras y luces tomé la decisión de ingresar al seminario, me dolió dejar a esta chica y tenía mucho miedo, entonces recuerdo que como excusa opté por hacer el examen de ingreso en la normal, con la inquietud de estudiar para maestro, que era mi segunda opción al estudiar una carrera profesional a nivel civil, pero los resultados salían ocho días después de la fecha señalada para ingresar al seminario.

Ingresé al seminario el tres de agosto, en la mañana le fui ayudar al padre León, como mi último día de trabajo, llegué a la casa, terminé de preparar mi maleta, me bañe, comí y tomé el camino del seguimiento del Señor hasta la fecha, donde he pasado por momentos inolvidables, oscuros, de alegría y de muy poca tristeza pero creo yo que tienen que existir estos momentos para que tenga sentido esta vida, porque si no existieran caídas no existirían retos y momentos de satisfacción cuando se vencen.

Ahora son casi siete años que he estado en formación, el primero fue la novedad, de conocer qué es el seminario, esto fue en el curso propedéutico; el segundo fue vivir en plenitud ya como pez en el agua, ambientado en la comunidad y en los estudios en donde hubo más comprensión, incluso en la forma de responder en al área académica; el tercero se me hizo pesado a nivel estudio, porqué es la conclusión de la etapa filosófica, donde tenemos que realizar una disertación, sobre algún tema en específico o un autor; además tenía una inquietud, porque cuando ingresé al seminario, había planeado desde un inicio, que terminando la filosofía iba a descansar un año. Y como ya era tiempo me veía movido a realizar mi plan de vida pero me di cuenta que los planes del hombre no son los de Dios.

En el cuarto año de mi estancia en el seminario y el primer año de la etapa teológica, pensé que sería más fácil. Sin embargo es un año de mucho estudio donde hay cambios radicales de materias, y del método de estudio, entes era la razón y ahora habría que estudiar el aspecto de fe, aquí hay que saber relacionar el aspecto Fe- Razón; por ello también era mi inquietud según yo para relajarme un poco y después ingresar a estudiar otro ramo diferente, pero di cuenta que si es necesario estudiar filosofía para comprender a la teología; también es el año donde se nos promueve para ser presentados a las ordenes sagradas.

El segundo año teológico fue un año más descansado y ya ambientado en la teología, ya con más presencia dentro de la comunidad y con las aspiraciones al ministerio de lector, indispensable para la formación complementaria hacia el sacerdocio. En este año tuve una experiencia muy fuerte porque por desobedecer las normas, asistí a una fiesta a la cual no había pedido permiso y al descubrirnos, nos castigaron radicalmente y de los tres que habíamos asistido, a los dos que son mis grandes amigos, les pidieron descansar un año y me vi tentado a decir a mis formadores que a mi también me pidieran lo mismo; pero me pareció más prudente no hacerlo y ver la voluntad de Dios en la decisión de mis formadores aunque parecía injusto y en la pastoral como éramos un solo equipo, tuve bastantes presiones pero saqué adelante los tres círculos vocacionales que teníamos trabajando, al final de este año de pastoral esto fue muy satisfactorio.

El tercer año de teología, en cuanto a lo académico se me hizo completamente relajado, en la pastoral experimenté etapas muy distintas y progresivas, por que en un principio llegué con mucha disposición, pero con el tiempo al ver que era tan difícil el trabajar con determinadas personas, empecé a desanimarme, pero por mi mismo, decidí dejar a un lado complejos y flojeras y trabajar con las catequistas con los enfermos, con los adolescentes y con jóvenes, al grado de organizar campamentos, retiros con catequistas, con los niños, etc. y logré estar satisfecho con mi trabajo.

El cuarto año me fue completamente difícil en todos los aspectos, tuve una experiencia en vacaciones que solamente Dios sabe como he podido salir de ella, solamente por el Espíritu Santo he tenido éxito en lo académico, en la pastoral, en la relación con los compañeros, con mi familia, con el equipo formador y conmigo mismo.

He tratado de ser lo más claro en las experiencias de mi vida y desarrolladas en manera cíclica, para hacerles entender de que Dios llama a las personas en medio de su realidad vital y que los defectos y dificultades que ante los ojos del hombre pueden parecer indignas Dios por su misericordia nos lava del pecado y nos rescata de el y nos dice no vuelvas a pecar y cambia de vida, sígueme, para mi en concreto cada experiencia de vida ha sido una llamada constante de Dios.

Mi experiencia vocacional es una experiencia de la misericordia de Dios para conmigo en concreto por que me conoce y sabe, por que me llama, que sea el mismo quien me acompañe en el ministerio que me encomienda actualmente en al diaconado, por manos del señor Arzobispo: Don Ricardo Guízar Díaz.

He respondido para consagrar mi vida por descubrir el dolor humano y la necesidad del hombre de la presencia de Dios y quiero servir a los demás siendo el oído que desean que los escuche, quiero ser la mano que desean sentir cuando se sientan sin fuerza, quiero ser la boca donde se deposite la palabra de Dios que desean escuchar sus hijos y los alienta.

David Granillo Portillo


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