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La Familia orígen de la vocación sacerdotal.



Nací el día 5 de Diciembre de 1979 en Guadalupe del Pedregal la Palma municipio de San José del Rincón Estado de México. Misa padres: + Sr. Eladio Basilio Segundo y Sra. Porfirio de Jesús Reyes. Mis hermanos: Armando, Elías, Alfonso, Eladio, Manuel, Álvaro, + Mario, José Cruz, Ofelia, + Javier, + Irma, Ramón, Francisco; de los cuales yo ocupo el penúltimo lugar.

La familia ha jugado un papel importantísimo en el proceso de crecimiento de mi persona en todos los sentidos; mis padres que siempre han manifestado su fe por medio de la religiosidad muy propia de un pueblo indígena, son quienes – así lo considero – despertaron mi vocación al seguimiento de Jesucristo por medio del sacerdocio, su participación dentro de la Iglesia ha sido muy notable, sobre todo en los sacramentos en especial la Eucaristía a la cual los hijos siempre fuimos inculcados a participar, sin dejar de mencionar los demás el gran amor a la Virgen María de Guadalupe.

Es así que en medio de este ambiente familiar religioso en donde, primeramente mis hermanos se interesan por la vida laical comprometida, participando casi la mayoría de ellos en algunos grupos parroquiales en colaboración con el párroco. Fueron ellos, mis hermanos, quienes de manera más directa me involucraron en la actividad eclesial, por medio de sus mismas actividades.

Ya antes de que yo pudiera participar en algún preseminario, uno de mis hermanos había participado en un preseminario, y por motivos diversos no pudo continuar en el seminario, este hermano, - Mario - fue quien me impulso mucho cuando tomé esta decisión de participar de esta experiencia.

Mi hermano Javier a causa de un accidente automovilístico pierde la vida el 21 de Diciembre de 1993, este acontecimiento marcó la vida familiar de una manera impresionante, que durante un tiempo nos alejamos un poco de la comunión con la Iglesia, en ese entonces yo estaba en el último año de los estudios de secundaria y es precisamente cuando decido ingresar al Seminario, toda la familia ya lo sabía y principalmente mis padres y mi hermano Mario que era profesor, y que era el que en ese momento nos sostenía económicamente. A pesar de la muerte de Javier todos estábamos entusiasmados por mi decisión para ingresar al Seminario, aunque con un poco de problemas en orden económico; Mario siempre mostró su incondicional apoyo para conmigo, y esto fue tal vez lo que después me obligó a desilusionarme un poco, debido a que él es asesinado el 3 de julio de 1994 a las 8:00 a.m. cuando iba de camino a la escuela. En este momento yo sentía que Dios estaba cada vez más lejos de mi familia y se estaba olvidando de mi inquietud de ingresar al Seminario, yo decidí no ingresar al seminario, aunque después de ese acontecimiento mi párroco y principalmente mi familia me apoyaron y animaron para lograr mi inquietud, aunque no estaba completamente convencido de mi decisión sobre todo por los acontecimientos pasados, yo estaba medio molesto con Dios.

Es así que ingreso al Seminario Menor de la Diócesis de Atlacomulco el día 2 de Septiembre de 1994, estando como rector el Pbro. Juan Carvajal Sánchez, y junto con el grupo de nuevo ingreso llegaba el Pbro. Miguel Melchor quien sería el asesor de este grupo en el cual yo estaba. Inmediatamente este Padre, se percata de los acontecimientos familiares por los cuales había pasado antes de ingresar al seminario, yo estaba comenzando esta experiencia de formación con muchos temores, con muchos problemas internos por la muerte de mis dos hermanos, además a raíz de estos acontecimientos mi padre estaba un poco delicado de salud, había enfermado como consecuencia de estas desgracias. Empeora su situación y desgraciadamente muere el 10 de Octubre de 1994, aproximadamente al mes de que yo había entrado al Seminario, este acontecimiento fue muy difícil superarlo, intenté abandonar el Seminario, pero gracias a la ayuda y apoyo del Pbro. Miguel Melchor, regresé a continuar la formación, aunque con muy pocas ganas y muy molesto con Dios, pero el apoyo de los compañeros también fue valioso, esos compañeros que - después algunos - fueron abandonando el Seminario. Al ingresar al primero año del Seminario Menor éramos 23 alumnos, de los cuales al término de los estudios en el Seminario Menor, que fueron tres años, solo quedábamos 5 de los 23 que habíamos comenzado.

Esta primera etapa de mi formación fue difícil, creo que por los problemas que tuve al principio, a tal grado que comencé muy mal en los estudios y tuve que realizar un examen extraordinario al terminar el primer año, y esto fue muy triste para mí, dado que fui el único que tuvo que realizar este examen, pero sobre todo porque no disfrutaría bien mis vacaciones, porque tenía que estudiar y en ese momento lo que más quería era tener un momento para mí en donde pudiera dejar de lado un poco lo que había pasado en la familia y también la vida del Seminario; gracias a Dios pasé este examen y me propuse no volver a pasar por esta triste historia, sabía que eso implicaba mucho esfuerzo y sacrificio, pero también sabía que lo podía lograr, luché mucho y esto nunca se volvió a repetir.

Al terminar la formación durante tres años en el Seminario Menor, me comunican la fecha para recibir la sotana con la que pasaría al Seminario Mayor en la sección de Filosofía, pero desafortunadamente un día antes de la imposición de esta sotana me comunican a mí y a mis compañeros de grupo que se cancela esta celebración por motivos diferentes y que no habrá dicha imposición hasta darnos nuevo aviso, este acontecimiento también marcó mucho mi vida, porque yo estaba muy ilusionado con este acontecimiento, había esperado ansiosamente esto y de pronto me comunican que no será así, fue muy desagradable escuchar esto del Padre Rector. En lo que corresponde a la familia, ellos también se desilusionaron un poco y también con cierto enojo reclamaban, sobre todo por haberme comunicado un día antes; pero juntos, familiares, amigos y compañeros de grupo, superamos esto. A los pocos días me dan otra fecha para esta recepción de sotana, que será el 17 de Agosto de 1997.

Debido a la situación de la Diócesis por la que está pasando en ese momento; es una diócesis joven, a penas está comenzando a crecer y por tanto carece de muchas cosas, por ejemplo un seminario completo, es decir, con todos los años de formación, es necesario continuar mi formación en el Seminario de la Diócesis de Toluca, en la sección de filosofía. A este Seminario ingreso el día 22 de Agosto de 1997; fue algo difícil ubicarme en esta nueva realidad, sobre todo por el número de personas que componen el Seminario; de un grupo de no más de 5 personas, paso a un grupo complejo de 40, y a una comunidad general de todo el seminario aproximada a los 200 seminaristas. Hubo necesidad de luchar por una integración grupal más consistente, para no perderme en medio de las masas, pero sobre todo para no perder identidad como seminarista de la Diócesis de Atlacomulco. En este tiempo los seminaristas de la Diócesis de Atlacomulco que estábamos en la Diócesis de Toluca, por todos los grupos, de primero de filosofía a cuarto de te teología, éramos aproximadamente 40.

Mi estancia en este Seminario, fue también muy enriquecedora, hubo momentos tristes, de soledad, de dificultad, era muy desagradable, creo que por la gran cantidad de personas que vivíamos allí, el tener que alimentarnos muchas veces con comida ya descompuesta y muchas veces muy poca. Además era muy difícil mantener el ritmo de vida en el orden económico debido a que estaban un poco elevadas las colegiaturas y otras ayudas que se nos pedían para obtener ingresos. Pero hubo también momentos felices y de gran provecho, los padres formadores muy preparados, pero también muy tradicionalistas, el aspecto intelectual era muy exigente, se pretendía formar a los futuros sacerdotes de tal manera que pudieran dar respuesta a las exigencias de un mudo preparado, y tal vez intelectual.

Debido a estos y otras pequeñas dificultades, al terminar el primer año de filosofía, fue necesario regresar nuevamente al seminario de Atlacomulco, en donde se fundan los tres primeros años de filosofía y es allí donde termino esta etapa. El Obispo Excmo. Sr. Dn. Ricardo Guizar Díaz, que fue el primer Obispo en la diócesis de Atlacomulco, y que ahora ya estaba en la Arquidiócesis de Tlalnepantla fue quien nos permitió en estas circunstancias ingresar a su Seminario, pero ya sólo la sección de Teología.

Después de que terminé la filosofía, el 6 de Agosto del año 2000 ingreso al Seminario de Tlalnepantla a estudiar la última etapa de la formación, es decir, la teología; este fue otro de los cambios que con mucha frecuencia se dieron durante mi formación, fue un cambio radical de lugares y de circunstancias, un Seminario con otro estilo de vida, con sus propias dificultades pero también con sus grandes virtudes y valores, es durante estos cuatro años que fomenté y logré una vida más cercana a lo que es el seguimiento de Jesucristo, debo decir que me llamó mucho la atención la distribución de las actividades, cargos y responsabilidades, fui logrando una identidad más propia, adquiriendo nuevos valores, sobre todo viviendo en plena libertad de hacer lo que realmente me quería hacer. Hubo elementos que me ayudaron a discernir más y mejor mi vocación, considero que fue una de las mejores etapas de mi vida en el seminario, junto con el Menor, a pesar de las dificultades ya conocidas en ese tiempo. Al llegar me encontré con una espiritualidad más viva y más cercana a lo que yo esperaba del Seminario, encontré nuevas personas que me ayudaron, sacerdotes, seminaristas y laicos. Durante esta etapa pude participar de algunas actividades propias de esta Arquidiócesis, de su presbiterio y por su puesto del Seminario. Mi horizonte, ahora se aventuraba un poco más, logré una visión más amplia de la Iglesia a la que le quería servir, una comunión más global de Iglesia, entre otros aspectos muy valiosos.

En esta etapa fue también donde pude descubrir más palpable la bendición de Dios al instituirme como su ministro al servicio de la comunidad, es así que el 17 de Febrero del año 2001, soy presentado a la comunidad de la Diócesis de Atlacomulco como candidato para recibir los ministerios. Al siguiente año, el 5 de Abril, soy instituido Ministro Lector; y el 25 de abril de 2003 soy instituido Ministro Acólito. Estos ministerios fueron fundamentando mi opción por el Sacerdocio, los recibí con mucha alegría y entusiasmo, y sobre todo pensando en que algún día podría recibir el sacerdocio. Durante toda la formación, estuvo muy de cerca y siempre manifestó su preocupación por mi vocación un compañero seminarista de la misma parroquia de la cual yo procedía, él ahora ya Presbítero y Formador en el Seminario de la Diócesis de Atlacomulco, Doroteo Santos Ildefonso, a quien agradezco de manera especial, por su cercanía y por lo mucho que me ayudó. Yo siempre sentí la cercanía de Dios por medio de su apoyo.

Un poco preocupado, en el último año de la formación, por los trabajos finales de disertación, decido hacer la solicitud para recibir el Diaconado, con todo lo que esto implica, gracias a Dios la respuesta a esta petición fue favorable. Así pues, me ordeno de Diácono el día 15 de Abril de 2004 en el Seminario Mayor de Atlacomulco, por manos del Excmo. Sr. Dn. Constancio Miranda Weckmann, II Obispo de la Diócesis de Atlacomulco. Este fue un acontecimiento importantísimo para mi vida, aunque indignamente Dios me lo ha concedido. Es algo que nunca me cansaré de estar agradecido con Dios y con todas las personas que colaboraron para poder llegar a este momento.

Después de 10 años de formación en el Seminario puedo decir que Dios me ha bendecido, porque me ha llamado a su servicio.

Aprovecho para agradecer a todos mis familiares, amigos, bienhechores, y de una manera especial a mis formadores, sin excepción, que han luchado para que yo pudiera llegara a la ordenación con las mejores armas que nos pide la sociedad actual, y de esa manera dar respuesta a los designios de Dios manifestados en mis hermanos. Por todo ello… Mil Gracias y que Dios les bendiga.

Diác. José Juan Basilio de Jesús


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