Te encuentras en: Seminario de Tlalnepantla-Relatos Vocacionales-Relato 19



No seas cobarde... no huyas del amor de Dios.



Nací en el Distrito Federal en el año de 1983, y soy el segundo de cuatro hermanos. Dos son mujeres y dos hombres. Siempre me ha impresionado la figura del Sacerdote, por lo que realmente no me es muy difícil recordar un poco sobre mí historia vocacional. No te puedo decir que he sentido este llamado desde que nací, pero si te diría que desde que tengo uso de razón he querido ser Sacerdote. Recuerdo que llegue a jugar con mi hermano y mis primos a la misa, y a cantar muchos de los cantos populares que nos aprendíamos en la Iglesia.

Hice mi primera comunión a los siete años junto con mi hermano, bajo la instrucción de mi papá. Después entramos al mismo tiempo a acolitar en la parroquia y en un grupo de Biblia dirigido por dos hermanos gemelos. Ellos fueron nuestros mejores amigos y hermanos mayores. Mi hermano acolitaba sábados y domingos, mientas que yo entre semana. Recuerdo que me gustaban mucho los jueves, ya que el Sacerdote exponía el Santísimo y a mi me gustaba cantar los cantos eucarísticos y escuchar la oración final en latín.

Uno de los gemelos decidió entrar al seminario, y gracias a él conocí el seminario menor, ya que asistí a una reunión que hubo allí. Para mi era como un sueño el estar en el seminario. En ese tiempo hubo una misión de seminaristas en mi parroquia y tuve la dicha de que uno de ellos se hospedara en mi casa. Para mi fue lo más increíble: “Tenemos a un padre en la casa, tenemos un padre en la casa…”, esta idea no me la podía quitar de la cabeza, ya que para mi era Cristo entre nosotros. El me platicaba de la vida del seminario, y me prometió a mí y a mi hermano, que nos celebraría nuestra misa de salida de sexto. Nos grabo una cinta con cantos vocacionales y marianos, los cuales me gustaron y me los aprendí lo más rápido posible.

Tiempo después tuve contacto con más seminaristas, que cada año iban por la colecta del seminario y a todos les decía que yo quería ser Sacerdote. Ellos me animaban y me decían que le echara ganas y que terminando la secundaría entrara en el seminario menor. Dos años más tarde, el Párroco sufrió un accidente y mandaron un Diácono, el cuál se quedo hospedado en mi casa. Un año después, el diácono fue ordenado por D. Manuel Pérez-Gil González en San Felipe de Jesús, Cd. Satélite, y el siguiente año el seminarista que había ido a mi casa, nos invito a su ordenación en la parroquia de San Esteban Protomártir. Esa experiencia fue inolvidable para mí, tanto, que aún no la puedo olvidar.

Entre a la secundaría y sucedió algo extraño. El querer ser Sacerdote aún seguía tan claro como antes (aunque también llegue a pensar en ser dibujante profesional, ya que me fascina mucho el dibujar), para ese tiempo ya había dejado de ser monaguillo en la parroquia, pero no dejaba de asistir a Misa.

Al llegar al tercer año ya estaba con la ilusión de entrar al seminario menor. Esperaba con ansía el momento en que mis papás me acompañaran. Pero no fue así. Me sucedió todo lo contrario. Ellos decidieron que era conveniente que estudiara la preparatoria fuera del seminario menor, y que si era mi vocación entraría después. Para mi fue desastroso. Imagínate, que tienes enfrente de ti lo que siempre has deseado y lo que te invita a que encuentras la misión que da el sentido de tu existencia. En ese momento vi mi sueño trucado. ¿Por qué?… ¿qué fue lo que hice mal?, esa era mi pregunta.

Más de fuerzas que de ganas hice el examen único para la educación media superior, y fui aceptado en el Colegio de Ciencias y Humanidades plantel Naucalpan en el turno de la mañana. Poco a poco fui acercándome a un grupo de chavos que tenían gustos similares a los míos. Me di cuenta que tenía que aprovechar estos estudios y así lo hice. Era muy estudioso y dedicado, y ahora a lo que quería, era estudiar Informática en UPICSA. Entre en el grupo juvenil de la parroquia y me hice novio de una de las muchachas del grupo. En la escuela, mis cuates me eligieron como representante del grupo cuando comenzó el movimiento que origino la huelga de la UNAM. Finalmente conocí a los dirigentes principales del movimiento en el plantel y me hice amigo de ellos con el fin de que pudiera ser un participante activo. Deje de preocuparme por mis estudios, me iba de pinta o con mis cuates a las maquina, e incluso los domingos me iba todo el día a pasear con ellos. ¿Y Dios?…me aleje de él, ya que pensé que como a el no le interesaba ni mi vida ni mi sentir, ¿para que lo tomaba en cuenta? Lo chistoso es que te puedo decir que tuve oportunidad de drogarme, tomar o fumar, pero nunca lo hice, ya que no sentía ningún interés por ello, y cuando me entraba la curiosidad, siempre se me venía a la mente la imagen de mi mamá, y no lo hacía. Creo que gracias a Dios pase por las llamas sin quemarme.

Fue en la Pascua de ese año, en la que tuve un encuentro con Jesucristo vivo. Ese encuentro sacudió todo en lo que yo me sentía seguro; mis “amigos” del movimiento, mi fama, mis propias mentiras. Me di cuenta que todo lo estaba mandando por un caño, y que entre lo eso iba yo mismo. Al terminar el movimiento retome mis estudios, aunque me cambié de turno porque estaba decidido a cambiar, retome mi relación con mi familia, con mi grupo y con mi novia.

El diacono que conocí en mi infancia, ahora ya Padre, estuvo un tiempo cerca de mi casa, por lo que lo llegaba a ver muy seguido. Platique con él y me hizo ver que aunque yo había dejado a un lado a Dios, el nunca me dejó sólo. Meses después, me dio la invitación al Pre-seminario 2000. Yo me puse muy contento, porque veía en esa invitación una señal de que Dios me seguía llamando a pesar de mi forma de ser. Pero había un problema, coincidía con las fechas de mis exámenes finales. No le di mucha importancia ya que ahora más que nunca, estaba seguro de que si Dios me hablaba, él mismo me pondría los medios para seguirlo. Le dije a mi hermano que si no quería ir al Pre-seminario junto con su mejor amigo, ya que últimamente estaba muy triste por haber terminado con su novia. Y le puse el pretexto de que podrían encontrar algo útil para nuestro grupo juvenil. A él le agrado la idea y fueron él y su amigo. Cuando regreso lo vi muy extraño. Al llegar la hora de la comida nos dio la noticia: “fui aceptado en el seminario…” Me quede impactado. ¿Perdón?, ¡creo que no entendí lo que dijiste!, ¿qué fuiste que? “Aceptado en el seminario y ya tengo la lista de lo que necesito”. Estas palabras de mi hermano me dejaron frío. No lo podía creer.

En las semanas anteriores a su entrada al seminario me cruzaron muchas ideas por la cabeza: definitivamente no sería Sacerdote y probablemente me casaría dentro de unos cuantos años con mi novia. Trate de olvidarme de nueva cuenta del Sacerdocio y concentrarme en mis estudios, a tal grado, que ya sólo me imaginaba manejando una computadora o dando clases de informática. Mi tía me apoyo, ya que ella es licenciada en informática, y me dio libros para que los fuera leyendo; se comprometió en conseguirme entre los hermanos de su esposo una plaza en el metro, cuando entrara en la carrera. Yo pensaba que al haberse ido mi hermano al seminario, yo debería de hacerme cargo de mis hermanas, en el aspecto de estudiar y trabajar para poder darles una mejor educación. Por lo que esta idea me pareció fantástica, y me ilusione con esta forma de vida, ya que de nueva cuenta, tenía todo para triunfar. Pero me olvide por completo de que si Dios me hablaba, él mismo me pondría los medios para seguirlo.

En la primera de las convivencias de mi hermano en el seminario menor, me presento con uno de los Padres formadores, el cual me invito a que platicara con él cada quince días. Esta invitación no me gusto, pero tuve que acceder. Realmente sabía que él quería hablar conmigo sobre mi vocación, porque mi hermano le debió hablar de mí, pero no estaba dispuesto ha hablar con él sobre ello, ya que me diría que entrara al seminario y tendría que dejar todos mis planes. Pensaba en ese momento en mi novia, en mis hermanitas, en mis papás, en mi grupo, en mi futuro…finalmente, cinco meses después mi hermano salió del seminario menor. Realmente me dio miedo regresar al seminario para platicar con el Padre. Sabía que ya no había ningún pretexto para entrar, por lo que cada jueves y martes, subía a participar de la eucaristía en los Remedios, ya que la no tenía clase en la última hora. Le pedía a Dios y a María que me ayudaran a descubrir que debería de hacer… pero yo ya no quería entrar al seminario.

El grupo juvenil asistió a un encuentro juvenil en la vigilia de Pascua. Allí un Padre dio una reflexión que me cimbro. Dijo: “no seas cobarde, no huyas del amor de Dios…”. Estas palabras no me dejaron en paz. Sentía que Dios me había hablado a través de él, y que no me podía quedar inmóvil. Pero busque acallar en mí estas palabras y trate de no hacer caso. En el siguiente mes se llevo a cabo la expo-vocacional en el seminario mayor de los Remedios, con motivo del día de oración mundial por las vocaciones. Asistimos de nuevo el grupo juvenil. Allí un Padre comenzó a hablar sobre la vocación al matrimonio. Yo estaba feliz junto a mi novia. De repente el Padre pidió que todos las parejas nos pusiéramos de píe y nos tomáramos de las manos. Yo lo hice con mucho miedo, y después de hacer que nos expresáramos cuanto nos queríamos dijo: “estas dispuesto a pasar toda tu vida con ella…”yo no sabía que hacer. Algo me decía que no, pero me sentía confundido. Finalmente nos pidió que nos sentáramos. En ese mismo momento me miro, pero dijo estas palabras para todos: “piensa si de verdad vas a pasar toda tu vida con ella, o ¿acaso es con Él?, en ese momento señalo hacía el Santísimo que estaba expuesto. No sabía que pensar. Mi mente tenía muchas ideas confundidas. Por segunda ocasión había sacudido todo aquello que tenía seguro. El momento en que se llevaban al Santísimo hacía la reserva, mi novia me tomo de la mano, pero mi corazón latía de manera muy fuerte y en ese momento sentí la necesidad de estar con Jesús. Sabía que si no lo seguía, ya no lo haría jamás. Este era el momento que siempre había esperado, así que dándole un fuerte apretón de manos, deje a mi novia y a mis amigos y fui detrás de Jesús. Regrese a hablar con el Padre del seminario y le pedí perdón por la manera de comportarme. Él me dijo que no había ningún problema, y en ese mismo momento me dio la invitación al Pre-seminario 2001.

Asistí al Pre-seminario y fui aceptado. En primera instancia tuve que luchar con toda mi familia, ya que pensaban que lo hacía por cumplir un capricho de mis padres, pero eso no era cierto, ya que ellos mismos se opusieron un principio, hasta que platicaron con el Padre. Ahora el problema fue con mis antiguos amigos que aparecieron de no se donde, y al ver que ya no era el mismo, comenzaron a hacerme todo tipo de burlas. Finalmente entré en el seminario menor y estuve ahí un año. Actualmente estoy en el seminario de los Remedios cursando la filosofía, y cada vez que paso por el CCH le agradezco al Señor que me halla dado la oportunidad de haber estudiado ahí, ya que las experiencias ahí vividas me permiten ayudar a otros jóvenes que como yo, quieren ser como las águilas: que vuelan en libertad y que quieren mirar siempre hacía el sol. Ahora te puedo decir ese sol es Cristo.



¡Ánimo.…si el Señor te llama, Él mismo te pondrá los medios para seguirlo!

SHAKA


Te encuentras en: Seminario de Tlalnepantla-Relatos Vocacionales-Relato 19