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Nací en la ranchería de Danxho Municipio Chapa de Mota Estado de México el día 11de enero de 1969. Soy hijo del matrimonio formado por una pareja campesina del Señor Esteban García Martínez y la Señora Ana Cid Vilchis. Somos en total ocho hermanos donde yo soy el mayor de ellos. He tenido la feliz suerte de nacer dentro de una familia católica donde el rezo del santo rosario y la asistencia a la Santa Misa son el centro de su vida. Desde muy temprana edad, recuerdo que mis abuelos paternos que fueron los que pude conocer, siempre recordaban a mis padres que no dejarán de rezar el rosario y que por ningún motivo se les olvidara ir a la Santa Misa. Recuerdo como mi Mamá me contaba desde pequeño que durante mi primer año de vida cada rato me enfermaba y varias veces estuve a punto de morirme y ella siempre me encomendaba a la Santísima Virgen de Guadalupe. Creo realmente que el origen de mi vocación estuvo desde un principio cuando mi madre me ofreció sin pensarlo a la Virgen de Guadalupe.
Durante mis primeros seis y siete años de vida, recuerdo que mis papas me llevaban a la Santa Misa cada domingo y me gustaba como cantaba en la Misa un Presbítero llamado Víctor, del cual ya no recuerdo sus apellidas y lo chistoso de todo esto es que cuando regresaba a casa, yo me ponía a celebrar mi Misa como veía que lo hacía el Padre Víctor. Ese acercamiento que yo tuve desde temprana edad a las cosas sagradas, fue lo que dio lugar a que yo me fuera poco apoco enamorándome de las cosas sagradas. Fui creciendo en este ambiente de fe donde el amor a la Santísima Virgen de Guadalupe se iba cada día acrecentando en mi vida con múltiples prácticas piadosas. A muy temprana edad aprendí a rezar el rosario ayudado por mi Papá.
Termine mis estudios de primaria y ya al pasar a la Secundaría cuando nos preguntaban que queríamos llegar a ser de grandes, lo primero que se me vino a la mente fue ser Sacerdote, aunque no reunía las cualidades porque era yo muy desastroso. Terminada la Secundaría seguía yo con la inquietud del ser sacerdote, pero me daba pena platicárselos a mis padres y mis amigos. Posteriormente deje de estudiar siete años a los que dentro de mis prácticas religiosas me dedique a trabajar en el campo, apoyando a mi Papá para que mis demás hermanos pudieran seguir estudiando. Dentro de mi vida de campesino seguía con ese deseo de llegar a ser sacerdote. Un día en mi pueblo hubo unas misiones que realizaron unos seminaristas del Seminario de Toluca y durante esas pláticas tuve la suerte de asistir a todas ellas. Una tarde de aquellos días recuerdo que dos de esos seminaristas llamados José y Conrado mi Mamá los invitó a cenar en la casa. Ellos asistieron y uno de ellos José le dijo a mi Mamá tía y yo le pregunte a ella que porque le había dicho tía y me respondió que era su sobrino por eso le decía tía. Después de esto, durante la misma cena, de relajo me dijo José mi primo que me invitaba a entrar al Seminario y yo le respondí con una carcajada que ni loco. El Seminarista José iba ya a pasar a tercero de teología y toda la familia ya estaba ideando como organizar su ordenación sacerdotal. Yo por mi parte, se me quedo muy gravada la invitación de mi primo de ir al Seminario la cual iba alimentando con mi participación en los sacramentos. Cada día fue creciendo mi inquietud por ser sacerdote y no perdía las esperanzas por irme al Seminario. Después me enteré que José mi primo quiso dejar el Seminario por estudiar otra cosa, esto por supuesto no me desanimó en mi decisión por entrar al Seminario. Mi idea por entrar al Seminario seguía en pie, a tal grado que soñaba con llegar algún día a ser sacerdote. Continuaba mi vida normal de todo joven y dentro de ello, no descuidaba mi amistad con Dios frecuentando los sacramentos y cuando alguien fallecía, me gustaba acompañar a los dolientes para dirigir el santo rosario.
Esta inquietud por entrar al Seminario, seguía creciendo a pesar de tantas cosas que me ofrecía el mundo. Mi deseo por entrar al Seminario yo no se los había comentado a mis padres, hasta que un buen día, me atreví a comentárselo al mi Párroco, quien contento me apoyó grandemente y me dijo que participara en un Preseminario para ver si realmente era lo que yo quería. Después de arreglar todos los tramites para participar en el Preseminario, les di la noticia a mis papas quienes reaccionaron extrañados por la noticia. Mi Papá pensaba que era otra de tantas bromas que les solía hacer y cuando vio que era en serio, me apoyó junto con mi madre en esta decisión. Participé en el preseminario en julio de 1994 y después de haberlo vivido, me dieron la carta de aceptación, con la cual me sentí inmensamente feliz. Regresé a mi casa contento y me puse a arreglar todos mis papeles que me pedían para entrar al Seminario e ingresé en el Seminario Menor el 3 de septiembre de 1994 a la edad de 24 años. Al principio me costó trabajo dejar la vida de campesino que llevaba, el tener que volver a estudiar después de siete años que no lo hacia y convivir con compañeros de 15 años quienes consideraba muy inmaduros todo esto era difícil de sobrellevar, pero al correr el tiempo, supe afrontar la situación con la ayuda de Dios. Terminados los tres años del Seminario Menor en Atlacomulco, me fui a estudiar el primer año de Filosofía a la Diócesis de Toluca por que todavía no se tenía la Filosofía. Terminado ese año de Filosofía, regresamos a Atlacomulco porque ya se tenía la sección de Filosofía. Acabados mis estudios de Filosofía y al no contar todavía con la sección de Teología, tuve que ir estudiar la Teología en el Seminario Mayor de Tlalnepantla. Durante el primer año de Teología fui presentado a las Órdenes Sagradas, el segundo año fui instituido Ministro Lector, en el tercer año fui instituido Ministro Acólito y en el cuarto año fui ordenado Diacono por manos del Excelentísimo Obispo de Atlacomulco Don. Constancio Miranda Wecmann el día 15 de abril de 2004. En realidad mi vocación al sacerdocio se la debo a la Santísima Viren de Guadalupe y a mis padres y formadores.
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