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Soy originario del Estado de México, del municipio de Atizapan de Zaragoza.
Nací un 04 de noviembre de 1977, a los dos años de mí nacimiento me diagnosticaron Polio, por tal motivo los doctores comentaron a mis Padres que no tenia posibilidad de caminar algún día. Después de muchos estudios se confirmaba mí enfermedad, pero en ese año en 1979 con la visita del Santo Padre en México (el Papa Juan Pablo II) y con la esperanza puesta en Dios, mí madre pedía un milagro y al parecer fue lo que sucedió, con la llegada del Pontífice a México en el momento que él daba la bendición ella pidió a Dios el don de la salud para su hijo, ¿coincidencia o milagro? Lo dejo a tu criterio; pero tiempo después tras un estudio nuevo realizado no existía ya la enfermedad y mí vida inicio así como la de cualquier niño con la capacidad de caminar.
Mí infancia la recuerdo con mucha alegría estuvo llena de muchas travesuras desde una edad muy temprana.
La primaria la estudie en una escuela dirigida por Religiosas de la Providencia de GAP, a las cuales les debo mí primer encuentro con Cristo, por medio de su clases en educación en la fe, en este mismo lugar tuve la oportunidad de asistir a retiros y convivencias en un ambiente cristiano. Recuerdo que nunca fui un alumno destacado, siempre existía una queja por mi mal comportamiento.
Durante el 5° año de primaria nació en mí una inquietud y así les dije a mis padres por primera ocasión: “quiero irme al seminario”, no sabía bien lo que decía era eso pero como lo había escuchado me gustaba como sonaba eso, pero la respuesta de ellos fue: “mira Carlitos, estas muy chico para decidir esto, mejor piensalo y estudia la secundaria fuera…” y así sucedió.
En la secundaria (Esc. Secundaria Técnica # 34) inicie una etapa nueva de rebeldía y nuevas aventuras. Fue en esta época cuando tuve mí primer novia y mis primeras idas de pinta. Durante mi estancia de tres años por la secundaria y muchos extraordinarios, surgió nuevamente la idea de irme al seminario y sucedió exactamente lo mismo que en la primaria, pero ahora tendría que cursar la preparatoria, para poder elegir bien, por la corta edad que tenía. Seguí asistiendo a retiros para adolescentes en la Casa de la Juventud, “TOR” (en Atizapan de Zaragoza).
Cuando ingrese a la Preparatoria en el Colegio de Bachilleres (Plantel 05 - Satélite), mí vida seguía siendo la misma, las novias, las fiestas cada ocho días y muchos desmanes más, total era una etapa diferente y llena de sorpresas. Durante mí estancia en la preparatoria conocí el amor, amor que duraría cerca de 3 años, pero cuando cursaba el 4° semestre sentí nuevamente una inquietud, pero ya no era de entrar al seminario, sentía un llamado a ser Sacerdote. En esa época apoyaba en catequesis infantil en la comunidad y a un grupo de jóvenes.
La inquietud de ser Sacerdote surgió tras las platicas de una hermanas religiosas “Carmelitas Descalzas” (actualmente tienen a su cargo el Instituto Cumbres) sobre la vocación, poco tiempo después me invitaron a un retiro de “Espiritualidad Bíblica”, lugar donde descubrí a Cristo de una forma muy personal, en una platica sobre el SACERDOCIO. Tras dicha platica una espina quedo atorada en mí corazón, no podía más hizo una herida tan profunda en mi corazón la cual me impulsaba a decidir. Había una voz en mí interior una voz que hacia eco “el que quiera seguirme, que tome su cruz y que me siga” - “vayan por todo el mundo y prediquen la buena nueva…”
Mí pregunta era ¿cómo le voy a decir a mí novia que quiero ser Sacerdote? Después del retiro, me quede callado, no comente nada a mis padres. Y no sabía como decirle a ella, total pensé que sí ella vivía el retiro igual y me entendería un poco más y así lo hice la invite al retiro, después de su experiencia en le retiro me enfrente y le dije, fue una situación muy difícil pero al final entendió algo que le comente “te quiero mucho, pero amo más a Dios”. Fue difícil para los dos el iniciar esta nueva etapa pero total por fin comprendió diciéndome “contra Dios no puedo luchar, espero que seas muy feliz con Él”; gracias a Dios me había entendido.
A partir de ese momento inicie una nueva búsqueda, sin saber que ya me había encontrado Él.
Después de algunos meses de oración y reflexión le comente a mis padres mí decisión misma que apoyaron. Ahora el problema era que no sabía con quien recurrir.
Una de mis tías me recomendó hablar con un sacerdote, el cual tenía un gran carisma para con los jóvenes, este sacerdote se llamaba Salvador Herrera, trabajaba en la Catedral de Tlalnepantla.
Inicie así un seguimiento vocacional con él. En esa época me invitaron a una misión a la Sierra Norte de Puebla y después de esa vivencia estaba clara mí opción quería ser Misionero; después de comentarle a mí director espiritual y acompañante vocacional mí inquietud, me comento que el sacerdote diocesano es el primer misionero en su comunidad y efectivamente esas pequeñas palabras en la actualidad siguen haciendo un gran eco en mí.
Es así como ingrese al Seminario Interdiocesano Guadalupano, en Lago de Guadalupe en Agosto de 1966.
Después de tres años de estancia en el seminario, surgieron en muchas dudas y opte por salir del seminario dos años. En esta época labore como Profesor de Formación humana y cristiana en el Colegio del Tepeyac, en la Ciudad de México. También inicie a estudiar una carrera técnica de Laboratorista dental.
Lo cierto de esto es que después de que conoces a Cristo tu vida ya no vuelve a ser la misma, por más que huyas de Él siempre lo encontraba. El llamado estaba presente y mis miedos eran los que no me dejaban lanzarme a la aventura de dejarme amar por Cristo y transmitir ese amor a los más necesitados.
Asistí en ese tiempo a misiones en la sierra de Puebla y Oaxaca, las cuales me ayudaron a optar nuevamente por el sacerdocio.
Y en agosto del 2001 reingrese al seminario de forma definitiva para consagrar mí vida a Cristo y así poder poner para el servicio de los demás mis cinco panes y mis dos pescados para la construcción del Reino aquí en la tierra. Y con una idea clara que es “EL SACERDOTE DIOCESANO ES EL PRIMER MISIONERO”.
Actualmente estoy terminando mi primer etapa de formación en le seminario y deseoso de salir a predicar que Cristo esta vivo.
Fui ordenado Diacono el pasado 3 de abril del año en curso. Ahora solo me queda decirte que Dios siguen búsqueda de jóvenes que estén dispuestos a cooperar en la Salvación de los hombres. Concluyo diciéndote que en verdad vale la pena seguir a Cristo, “haz la prueba y veras que bueno es el Señor”.
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