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San Pablo nos ayuda a entender de una manera sencilla, lo que es un sacerdote:
“Es un hombre, tomado de entre los hombres y está puesto a favor de los hombres, en lo que se refiere a Dios para ofrecer dones y sacrificios por los pecados” (Hb
5,1);
Esta vocación de servir a los demás por medio de Dios, o servir a Dios por medio de los demás es
un don gratuito dado por Dios, que tiene como cualidad fundamental el servicio. Con esto queremos decir que el ser sacerdote no deriva de un proyecto personal, sino de un llamado específico de Jesús (Jn 15,16); no por ello podemos decimos que las otras dos vocaciones sean menos importantes, las tres son igual de importantes, lo cierto es que cada una tiene que ser vivida desde un papel, o rol al que se es llamado, y el sacerdote es llamado a ser cabeza (espiritual y humana) de una comunidad; tiene que ser el puente entre Dios y los hombres; por ello requieren una formación especial, y eso nos lo enseña el mismo Evangelio (Mc 3.7-10).
El Señor al llamar a los que él quiere, para que estén con él y después enviarlos, nos muestra la manera en la que él llama al sacerdocio; y en primera, nos descubre que el llamado es gratuito, es iniciativa de él, como ya lo habíamos visto Jn 15,16; con esto nos queda claro que una vocación al sacerdocio jamás debe ser forzada por presiones humanas; este llamado se da dentro de la libertad, los apóstoles libremente eligieron seguirle, esta respuesta libre se da con la ayuda de la gracia y ambas acogen el llamado como un don, por ello es importante remarcar que sin libertad no hay vocación; un último elemento es descubrir que esta vocación se da para servir a los demás, es una vocación de servicio; el envío implica un servicio, servicio al Evangelio, al que es enviado y a los destinatarios de este Evangelio.
Pero probablemente quede otra duda ¿Cómo es que descubrimos que Dios nos llama al sacerdocio? Esta parte es muy delicada ya que no
podemos dar recetas de cocina, y además no existen, para poder decir si sientes esto o aquello, si te pasa esta o aquello, si oras de tal o cual manera, si en tu familia ha existido tal o cual condición es que tienes vocación, esto no es cierto; la
vocación se da de una manera inexplicable ya que hay tan tantas formas de llamados cuantos llamado hay, pues, ya decíamos que el llamado es personal; para poder descubrir nuestro llamado al sacerdocio no podemos olvidar algunos elementos que nos ayudan identificarlo, como son el discernimiento que implica una acción de introspección para descubrir en nuestra vida los soplos del Espíritu Santo; es un espacio para valorar nuestros principios morales y espirituales, y dar la oportunidad a Dios de purificarlos; además este discernimiento tiene que mirar al exterior de la persona para valorar nuestros actos, nuestras conductas, y después ponerlos delante de Dios, por medio de la oración, medio por el cual estamos pendientes de lo que Dios nos quiere decir y de igual manera de lo que nosotros podemos decirle a Dios; ella (la oración) nos va a ayudar a descubrir cuál es la voluntad de Dios respecto a nosotros.
Cuando empieza la idea del sacerdocio dentro de nuestro corazón, comenzamos a descubrir que nos inquietamos, nadie ha dicho que el llamado sea dentro de la pasividad interna; nos causa violencia, pues nos confronta con nuestro propio yo, y al descubrirnos tal cual somos descubrimos nuestras limitaciones y carencias y la grandiosidad del llamado de Dios, por ello es importante que estemos atentos a la escucha de la Palabra de Dios, de nosotros mismos, de las necesidades de los demás, pero a la vez a la escucha de las necesidades de la Iglesia.
Ya habíamos hablado del vacío, que en muchos casos lo que nos ofrece el mundo no nos llena, esta vacío en un momento dado se ve llenado por la aceptación de la voluntad de Dios; cuando estemos en un espacio de oración, pongamos delante de Dios las opciones que tenemos en la vida, en muchos casos la opción al sacerdocio ni siquiera la contemplamos como algo viable en nuestra vida, y sin embargo cuando nos damos a la tarea de discernir lo que Dios nos pide de pronto aparece, ¿Cómo? Quien sabe lo cierto es que ahí está, otra posibilidad (como ya se había visto) es que nos llame por medio de los demás, de nuestra familia, de nuestra abuelita, de nuestro párroco, de nuestro amigos, incluso de nuestra novia, sí, Dios se vale de todo, y no te sorprenda cuando te hagan la pregunta ¿oye nunca has pensado en la posibilidad de estudiar para sacerdote? Y nuestra primera respuesta en muchas ocasiones es ¡¡¡Yo!!! Jamás yo no nací para ello, pero recuerda que para ser sacerdote no se nace, ni se hereda; sino que se hacen y se forman conforme a la voluntad de Dios, al haber abierto su corazón a esa llamada tan específica; Dios se vale de cualquier, circunstancia, persona, problema, alegría, comentario, etc. para llamar a los que él quiere y estén con él.
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