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La misión de Cristo sigue viva en medio de su comunidad apostólica



Creo que me tengo que dar a la tarea de aclarar algunos términos que estoy utilizando, ya que para nosotros estos términos son muy comunes pero la mayoría de la gente no los entiende, me refiero a los términos: órdenes sagradas (grado de los Diáconos); ministerios (lectores y acólitos) y otros como candidatos a las órdenes y admisión al Seminario.


Admisión al Seminario Mayor



Para hacer entendible los pasos que vamos viviendo en el Seminario vamos a ir haciendo un recorrido de los diferentes momentos que van marcando nuestra formación, primero tenemos la admisión al Seminario; en este momento empieza lo que propiamente es el ingreso al Seminario Mayor; se pretende lograr una formación espiritual centrada en el Misterio de Cristo y de la Iglesia, profundizar en el discernimiento vocacional en una vivencia comunitaria, iniciarse en la experiencia pastoral y adquirir una visión global de los objetivos y contenidos de la formación sacerdotal; el signo característicos de la admisión al Seminario Mayor, es la recepción de la sotana dentro de la celebración Eucarística; se ha comenzado la 1ª etapa de formación que es el discernimiento y clarificación de la opción vocacional con esta 1ª fase que es el curso introductorio, nos introducen a descubrir nuestra opción vocacional, que concluye con la recepción de la sotana y pasa a una 2ª fase que es la integración de la persona; donde nos ayudan a aceptarnos a nosotros mismos, madurar nuestra fe y nuestro sentido pastoral, comprende además el 2° y 3° de Filosofía.


Presentación como candidato a las Órdenes Sagradas



Ya que hemos madurado nuestra fe y nuestro sentido pastoral, aquellos que nos preparamos para Sacerdotes debemos ser llamados por la Iglesia y además pedir ser presentado como candidato a las órdenes sagradas; y en esta presentación es donde aquellos que quieren consagrarse a Dios y a los hombres, deben manifestar este deseo ante la Iglesia, por medio del Obispo, y ser aceptados por el mismo; así al manifestar esto, manifiestan de igual manera su deseo de responder libre y públicamente a la llamada del Señor y formarse para servir fielmente a Cristo en su Iglesia, en el sacerdocio diocesano. Con este paso de la presentación se inicia la 2ª etapa de formación que llamamos la etapa de Configuración; la configuración es “tomar la figura de”, hacerse igual “a” Cristo buen Pastor asumiendo criterios, actitudes y estilo de vida que capaciten a ejercer el ministerio sacerdotal; esta etapa comprende tres fases 1ª Candidatura, 2ª Lectorado y 3ª Acolitado (el lectorado y acolitado son ministerios propios de la Iglesia).


Ministerios dentro de la Iglesia



Para entender los ministerios de los que hablamos hace un momento (lectorado y acolitado); tendríamos que empezar por definir lo que es un ministerio. Se puede hablar desde la perspectiva de la Escritura como carismas o dones (1 Cor 12,4-11. 28-30; Rm 12,4-8; Ef 4,10-13; 1P 4,10; 2Tm 1,6). Hay pues, una tendencia a llamar ministerio a un carisma que asume forma de servicio a la comunidad; en verdad todo los carismas, servicio y ministerios de que la Iglesia es dotada por el Espíritu para cumplir su misión, se complementan unos con otros y se integran como los miembros de un cuerpo (1 Cor 12,9-21); sin embargo no todo carisma, constituye un ministerio. La dimensión de servicio debe caracterizar todo carisma y su portador debe aspirar al don mayor que es el amor: por eso concluimos que: “puede ser considerado ministerio, el carisma que en la comunidad y en vista de la misión, asume la forma de un servicio bien determinado, involucrando un conjunto más o menos amplio en funciones que responda a exigencias más urgentes de la comunidad y sea acogido y reconocido por la comunidad eclesial”; a partir de esto la Iglesia reconoce como ministerios propios de los laicos el lectorado y acolitado; que ayudan de una manera especial a la formación de los futuros Sacerdotes.


Ministro Lector



El lector es instituido por el Obispo, como ministro de la Palabra dentro de la celebración litúrgica; así ante la comunidad cristiana es responsable de la proclamación de la Palabra de Dios (lecturas de la Misa y oración universal, no así el Evangelio que le corresponde proclamar al Diácono); evangelizar y preparar para los sacramentos; de una manera más entendible serían los catequistas oficiales de la Iglesia, ya que son instituidos por ella por medio del Obispo; a ellos se les entrega el libro de las Sagradas Escrituras, para conseguir cada día, por la meditación asidua y perseverante, un mejor conocimiento y un suave y vivo amor por la Sagrada Escritura para llegar a ser más perfectos discípulos del Señor y mensajeros suyos.


Ministro Acólito



A los ministros acólitos les corresponde estar cercanos a los Presbíteros y Diáconos, en la celebración de los sacramentos, distribuir la Sagrada Eucaristía (como ministros extraordinarios de la Comunión) y llevarla a los enfermos cuando no haya Diácono; a ellos se les entrega como signo de su ministerio el cáliz y la patena, en los cuales se prepararán los dones, que después serán consagrados por el Obispo o Sacerdote; si en la celebración Eucarística no hay Diácono, les corresponde además preparar los dones para la celebración; así aprenderá todo lo referente al culto público, tratando de captar su sentido íntimo y espiritual para ofrecerse cada día a Dios; capacitarse para servir el Cuerpo de Cristo sacramentalmente presente en la Eucaristía y místicamente en el Pueblo de Dios, especialmente en los necesitados y pobres; por último el que desea ser Sacerdote debe dar un paso importante dentro de su formación, pasar a forma parte de las Órdenes Sagradas.


Órdenes Sagradas



Tenemos que empezar por hacer un poco de historia con respecto a las Órdenes sagradas; las órdenes sagradas son consideradas como uno de los siete sacramentos, en el cual se reconocen los diferentes grados de ministerios ordenados y reconocidos por las Iglesia católica, que a saber son tres: primer grado: Episcopado (Obispos), segundo grado: presbíteros y el tercer grado: los Diáconos. Cuando hablamos de las órdenes sagradas en el grado de los Diáconos nos referimos al tercer grado del sacerdocio (los Diáconos), que en los documentos de la Iglesia “Ad Pacemdum” del Papa Pablo VI, son definidos como “el oído, la boca, el corazón y el alma del Obispo”;


Diaconado



El Diácono tiene diferentes funciones: “está a disposición del Obispo para servir al pueblo de Dios, cuidar a los enfermos y pobres; además, se les ha encomendado la misión de llevar la sagrada eucaristía a los enfermos que no pueden salir de casa, administrar el bautismo, dedicarse a predicar la palabra de Dios, ser testigos cualificados del matrimonio y presidir el exequias”. Esto en cumplimiento de las obras de caridad. Al recibir el diaconado dentro de la libertad propia, lo hace por escrito con una carta solicitud, en la cual manifiesta libremente querer ser admitido dentro de este grado del orden, además de abrazar el celibato por el Reino de los cielos. En la celebración Eucarística el que será ordenado Diácono es llamado por su nombre, el signo externo y visible del sacramento es la imposición de manos por parte del Obispo, va acompañado de la oración consecratoria y por la entrega de un objeto u objetos asociados con la ordenación, tales como los Evangelios en el caso de un Diácono; con eeste acto de la ordenación termina la 1ª fase de la etapa de la formación que en el Seminario llamamos de identificación sacramental; en la cual se ha madurado el proceso de configuración con Cristo, para vivir consciente y responsablemente la identificación sacramental que como fruto de la gracia opera en el candidato a las órdenes sagradas; para después continuar con la 2ª fase que es el presbiterado en donde se participa de la configuración con Cristo como Cabeza, Siervo, Pastor y Esposo de la Iglesia en servicio del pueblo de Dios.


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