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Nuestra Iglesia particular de Tlalnepantla se llenó de alegría por la institución de 5 ministros lectores miembros de nuestro seminario y del pueblo de Dios peregrino en esta arquidiócesis; recordemos que uno de los pasos en nuestro proceso de formación en el seminario son los ministerios.
Recordando un poco al Magisterio de la Iglesia que hablaba sobre los ministerios, retomamos lo que nos dicen los documentos de la Iglesia sobre lo que implica la institución de ministros lectores y acólitos:
“El lector queda instituido para la función, que le es propia, de leer la Palabra de Dios en la asamblea litúrgica. Por lo cual proclamará las lecturas de la Sagrada Escritura, pero no el Evangelio, en la Misa y en las demás celebraciones sagradas; faltando el salmista, recitará el salmo interleccional; proclamará las intenciones de la oración universal de los fieles cuando no haya a disposición diácono o cantor; dirigirá el canto y la participación del pueblo fiel; educará a los fieles para que participen dignamente en los sacramento… Para realizar mejor y más perfectamente estas funciones, medite con asiduidad la Sagrada Escritura… Es un verdadero catequista, un anunciador de la Palabra de Dios y sobre todo un guía de la comunidad” (Ministeria quedam n. V)
“El acólito queda instituido para ayudar al diácono y prestar su servicio al sacerdote. Es propio de él… distribuir como ministro extraordinario de la Sagrada Comunión cuando faltan ministros de que hablan el canon 845 del Código de Derecho canónico, o están imposibilitados por enfermedad, avanzada edad o ministerio pastoral, o también cuando el número de fieles que se acerca a la sagrada mesa es tan elevado que se alargaría demasiado la Misa. En las mismas circunstancias especiales se le podrá encargar que exponga públicamente a la adoración de los fieles el sacramento de la Sagrada Eucaristía y hacer después la reserva; pero que no bendiga al pueblo… Todas estas funciones las ejercerá más dignamente participando, con piedad cada días más ardiente, en la Sagrada Eucaristía, alimentándose de ella y adquiriendo un más profundo conocimiento de la misma” (Ministeria quedam n. VI)
Dispuesto todo para la celebración, comienza la procesión que se dirigirá al interior de la catedral, en la cual están los familiares, amigos y conocidos de los que serán instituidos ministros; se entona el canto de entrada, llegando al altar los que prestan el servicio, los ministros, los sacerdotes que acompañan en la celebración, así como el Obispo se acomodan en su lugar para comenzar con la celebración, los que serán instituidos ministros se acomodan con su familia en las bancas. Poco después se leen las lecturas, el salmo y el Evangelio; después del Evangelio son llamados, por sus nombres, de entre el pueblo quienes han sido aceptados por la Iglesia mediante el Obispo Diocesano, para ser instituidos ministros del pueblo de Dios:
Acérquense los que van a ser instituidos ministros lectores: (Cada uno de los candidatos contesta presente).
Después de una breve homilía el obispo bendice a los candidatos al ministerio de lector y en seguida se da el acto externos que los instituye con tal; la entrega de la Sagrada Escritura, en ese momento el candidato hincado frente al obispo y sosteniendo en sus manos junto con el Obispo la Sagrada Escritura, el obispo le dice: Recibe la Sagrada Escritura y transmite fielmente la Palabra de Dios, para que sea cada día más viva y eficaz en le corazón de los hombres.
En seguida viene la institución de los ministros acólitos:
Acérquense los que van a ser instituidos ministros acólitos: (Cada uno de los candidatos contesta presente).
Después de una breve homilía el obispo bendice a los candidatos al ministerio de acólito y en seguida se da el acto externos que los instituye con tal; la entrega de la Patena con le pan o el Cáliz con le vino, en ese momento el candidato hincado frente al obispo y sosteniendo en sus manos junto con el Obispo la Patena con el pan, el obispo le dice: Recibe esta patena con el pan (o: recibe esta cáliz con le vino) para la celebración de la Eucaristía, y vive se tal forma que puedas servir dignamente a la mesa del Señor y de la Iglesia.
En seguida continúa la celebración como de costumbre, los ministros instituidos suben al altar a ejercer su servicio.
Demos gracias a Dios por este don que otorga a su Iglesia por medio de estos hijos suyos.
Rogad al dueño de la mies que mande obreros a su mies.Te encuentras en: Seminario de Tlalnepantla - Vocación - Ministro Lector, Ministro Acólito




